Los Reinos del Norte (III)

Antes de entrar en las descripciones de todos los lugares importantes del norte os dejamos aquí un breve relato para entrar en calor. El relato ha sido escrito por María del Águila Ríos Romero (Hiromi), y espero que os guste.

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El sonido de la gota de agua caer desde el techo hasta el suelo resonó por toda la sala, implacable, martilleante tras horas y horas de silencio sólo roto por aquel eco. La primavera trataba en vano de descongelar los témpanos blandos, pero le resultaba imposible que en aquel lugar de invierno perpetuo dejase de haber hielo y nieve por doquier; sólo la relativa calidez de aquella fortaleza recreaba la tímida elevación de las temperaturas con su actividad perpetua.

            —Joder, puto frío.

            La puerta se abrió de golpe dejando pasar la enorme y musculada figura humana cubierta en pieles y cueros de Carfwyrn.

            —¿A quién se le ocurre salir con esas vestimentas?

            Preguntó con sorna, Lyriem, con su aflautada voz femenina, aquella poseía una belleza sin parangón, con piel pálida, cabellos tan rubios que parecieron blancos y ojos color escarcha y orejas puntiagudas, la cual al contrario que su compañero iba bien pertrechada para aquella climatología.

            —Pareces que piensas mejor cuando estás bebido que sobrio.

            Se rio la tercera figura que entró en la sala, tirándole una botella de licor por descorchar al bárbaro humano. Esta tercera era al menos la mitad de alta que las dos anteriores, aunque bien podría superarlas en anchura. De barba poblada, cabello trenzado y las gruesas vestimentas de alta calidad.

            —Que tenga que darle la razón al enano…—suspiró Lyriem haciendo que Tamthsim, el enano sonriera con malicia.

            Los tres, ya dentro de la sala, comenzaron a desabrochar sus capas y a dejar sus armas a la vez que trataban de rescatar el fuego que estaba en rescoldos en aquella sala de descanso.

            —Larga la guardia…

            Suspiró Lyriem mientras se estiraba cual gata, crujiendo parte de sus huesos al flexionar sus articulaciones.

            —Aún queda la mitad.

            La ronca y oscura voz de la última de los miembros de la guardia resonó en la sala, justo cuando el tipo de criatura que hacía que los pasillos de aquel castillo y sus puertas fueran de la enorme envergadura que era entrara. Ts´awrg era grande incluso para ser ogro.

            —Ni me lo recuerdes…—suspiró Lyriem sentándose en una de las sillas cerca del fuego que Carfwyn estaba reavivando.

            —Mejor guardia larga que guardia movida.

            Dijo secamente el ogro haciendo que todos los compañeros se quedasen muy callados recordando el casi incidente desastroso de hacía unos meses. Asintieron pensativos.

            —Mejor guardia larga que guardia movida. — repitió el enano.

            Todos ellos trataron de evitar pensar en las horribles muertes que la casi huida de unos de sus prisioneros ocasionó. Debían tenerlo siempre en mente, nunca olvidarlo, que como aquel frío imperecedero la alianza del norte sólo tenía una finalidad y una única y vital misión… impedir que sus prisioneros volvieran a estar en libertad.

            Carfwyn tendió la botella de licor a sus compañeros y con una socarrona sonrisa dijo:

            —Brindemos por las guardias eternas.

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