Los Reinos del Norte

Más allá de la Columna del Mundo, en el vasto norte, se abren nuevas tierras, agrestes y heladas, en parte herida por la gran sima que es La Cicatriz. Un lugar donde es invierno tres cuartas partes del año, el verano no existe y la primavera pasa a ser otoño en pocas semanas. Un lugar donde el peligro acecha con cualquier forma, y el frío invernal es el más temido. Las enormes extensiones de hielo y nieve se tornan verdes con la llegada de la primavera como si se extendiera una alfombra llena de nueva vida.

 A pesar del frío, la nieve y del crudo invierno en general, la vida se abre paso y no solo los animales y las plantas, también varios pueblos han medrado aquí y convertido las frías tierras norteñas en su hogar. Los enanos han cavado bajo las entrañas de las montañas encontrando las cálidas arterias de la tierra por donde la roca se mueve como agua. En la superficie las diferentes tribus de bárbaros humanos se mueven de un lugar a otro durante el año mientras se cruzan con tribus de otras razas, como los ogros blancos e incluso los elfos de la estirpe del hielo y sobre todo los misteriosos dracónidos de Escama Blanca. Todos ellos competían por los escasos recursos que el norte le ofrecía para sobrevivir, pero encontraron una forma mejor y evitar el enfrentamiento. Estos cuatro pueblos forman una alianza que ya cuenta con muchos siglos de antigüedad. Pero eso lo descubriremos más adelante.

A pesar de las duras condiciones climáticas no faltan aventureros que viajan a estas tierras en busca de retos, aventuras y por supuesto, en busca del tesoro de los dragones blancos que habitan esta región. Pero la mayoría de estos aventureros que hacen el viaje por tierra no suele llegar nunca a su destino, los pasos entre las montañas de la Columna no son muy buenos y lleva mucho tiempo atravesarlos incluso en verano. Los escasos pasos de montaña están llenos de aventureros ineptos que perdieron la vida debido a las frías noches, resbalones y ataques de criaturas extremadamente territoriales. Sin embargo, otros muchos aprovechan los buenos vientos primaverales para acceder al norte en barco bordeando la costa oeste de Zhirsanaq y desembarcando cerca de Valle Gris o incluso yendo más al norte en busca del hielo flotante.

Aunque esta parte del mundo es agreste y dura también hay pueblos y ciudades, refugios para pasar el frío invierno pero que en verano suelen quedar casi despoblados porque es el momento de salir de caza y volver a llenar los secaderos de provisiones. Esto sobre todo se debe a que la mayoría de los pueblos que habitan este gran lugar son o antaño fueron nómadas, durante la primavera y corto verano aprovechan para viajar en busca de rebaños o lugares donde sembrar los vegetales que necesitan y tras la recolección vuelven a los valles que les sirven de refugio. Es en esos valles donde se concentran los pocos pueblos existentes pero el invierno los llena de actividad, no se aletargan. El invierno es una lucha continua para ver la siguiente primavera.

Habitantes del Norte

Anteriormente ya hemos citado alguna de las razas que habitan estos parajes, pero esos son solo una parte. El norte esconde mucho más de lo que la gente en general conoce y eso es parte de su encanto. Las duras condiciones han mantenido durante mucho tiempo al resto de Zhirsanaq lejos de estas tierras, salvo por algunos aventureros y comerciantes en busca de raras y caras pieles entre otros tesoros.

Los habitantes del norte se enfrentan a sus propios problemas y guerras, los orcos que habitan en las cuevas y valles ocultos en la Columna no dudan en descender a los valles para esquilmar lo que pueden. Los Duergar ocultos en la Cicatriz están siempre pendientes de los movimientos en la superficie ávidos de conseguir más esclavos para trabajar en sus minas y forjas. Los dragones blancos tienen su ancestral hogar en estas tierras y para ellos todo aquel que more aquí es su alimento, pero se cuidan mucho de atacar abiertamente los pueblos y ciudades, sobre todo los más jóvenes. Todo esto es el día a día aquí.

La Estirpe del Hielo

En un tiempo ya olvidado, los elfos eran un único pueblo que moraban al sur. Algunos cuentan que su hogar ancestral es Areslya, pero otros muchos no creen que eso sea cierto. Pero lo que sí es verdad es que llegó cierto momento en el cual separaron sus caminos y viajaron en todas direcciones para buscar lugares donde asentarse y se formaron las diferentes estirpes élficas.

Myrin Enmys condujo a su pueblo hasta el norte atravesando las montañas de la Columna, su camino fue duro, pero lograron llegar a un valle y allí se asentaron. Gracias a sus habilidades como artesanos y sus conocimientos de la magia moldearon la madera y la piedra para construir la primera ciudad del norte, Glynbanise.

Por aquel entonces los dragones eran numerosos y la intromisión llamó la atención de los Grandes Blancos, dragones de corazón helado y frío, no pararon hasta que Glynbanise fue destruida. Pero los elfos recibieron ayuda desde el interior de las montañas, un clan enano llamado Sarakh les dio refugio hasta que volvieran tiempos mejores. Durante ese tiempo los lazos se estrecharon y ambos pueblos aportaron sus conocimientos y ayuda unos a otros hasta que llegó el momento de establecer su dominio en la superficie. Durante meses los elfos ayudados de los enanos dieron caza a los dragones blancos hasta que los más jóvenes decidieron dejar el lugar. A partir de entonces Glynnaore comenzó a construirse.

Con el tiempo, los elfos comenzaron a expandirse por el norte asentándose en algunos de los valles construyendo pequeñas poblaciones como avanzada hacia la costa helada.

Continuará…

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