Loramé

Antes de la Gran Lluvia de Fuego, Loramé no solo era uno de los grandes reinos élficos, también era un ejemplo para el resto de las naciones vecinas. Los elfos grises de esta región eran buenos prácticamente en todo lo que se proponían, una nación repleta de valientes guerreros, poderosos magos y grandes artistas. Pero también eran objeto de muchas envidias y eso desencadenó su caída.
Su tierra era el objetivo real, una vez pasó la Lluvia de Fuego prácticamente la totalidad desapareció engullida por las aguas del mar de las monedas y lo poco que sobrevivió quedó calcinado. Los pocos supervivientes dejaron atrás las cenizas y se convirtieron en un pueblo vagabundo hasta que Tarinz les acogió.

Sin embargo, algunos añoraban su tierra y no dejaban de visitarla, aunque fuera solo para ver lo que quedaba. No fue hasta un siglo después cuando algunos de los supervivientes se reunieron para trazar un plan de recuperación. Durante años se dedicaron a recorrer los lugares donde pudiera haber algún superviviente, les pedían recuerdos de su antigua tierra para recopilar todo aquello que aún les unía a aquel lugar.

Una vez hubieron recopilado todo lo que pudieron, desde pequeñas joyas hasta semillas de plantas y flores regresaron a lo antes era el Bosque Negro. La superficie aun quemada y cubierta de cenizas que ni la lluvia de más de un siglo fue capaz de arrastrar. Los magos, hechiceros y druidas se unieron para usar su magia en un largo ritual. Sembraron la tierra con los recuerdos de los exiliados y la regaron con su propia sangre.

En el lugar donde uno de los druidas vertió su sangre comenzó a brotar un fino tallo verde, echó hojas y antes de llegar la noche ya eran un enorme y anciano árbol. A lo largo de los siguientes días nuevos recuerdos germinaron, las raíces de los árboles se extendieron y a medida que avanzaban bajo la quemada tierra daban lugar a nuevos brotes verdes que crecían buscando la luz del sol.

Durante los meses siguientes los artífices de la resurrección del bosque le dieron el nombre de Bosque del Sol y allí permanecen cuidando de él. Con el tiempo algunos elfos grises regresaron a su hogar, pero no hay sido muchos en todo este tiempo. Los que han regresado viven en pequeños núcleos familiares, no se han construido aldeas, pueblos o ciudades por lo que han vuelto de alguna forma a una vida más tradicional. Ahora los moradores de Loramé se dedican en cuerpo y alma a proteger este lugar, para ellos sagrado y con mucho más que proteger que unos simples árboles.

El Desfiladero del Este

Tras varios años, los habitantes de Loramé descubrieron uno de los secretos que guardan antaño, una pequeña fortaleza que guardaba el Desfiladero del Este. Este paso es un sendero entre las montañas de la Columna que lo atraviesa hacia las distantes tierras del este y al Bosque de Leinola. El total desconocimiento de este lugar les ha dado a pensar que sus antiguos gobernantes habían ocultado muchas cosas y por lo que han descubierto esta no ha sido la única (esto se descubrirá en una aventura más adelante).

El Círculo de Druidas

Loramé está protegido ahora por los druidas de los elfos grises. Tras el ritual para revivir el bosque llegaron a un pacto con la diosa Lhaurelia, a partir de entonces aquel lugar sería un lugar sagrado solo a cambio de renovar los votos de su pueblo con ella.
Desde ese día los animales regresaron al nuevo bosque del sol y las plantas crecieron aún con más fuerza. Como fruto de este pacto, varios ents de otros lugares emprendieron el viaje hacia el bosque, algunos árboles despertaron siendo adolescentes de corazón, las zarzas y otras plantas dotadas de vida se unieron para sacar sus raíces de la tierra y deambular, siempre vigilantes, como brozas movedizas.

Hoy, el circulo está integrado por cinco druidas (todos ellos elfos grises), el más anciano de ellos es Mhaenal Balra. Apenas se mueve de su hogar pues sus más de 900 años de vida ya le pesan más que las responsabilidades. A pesar de ser quién toma las últimas decisiones, ha depositado sobre los demás la responsabilidad de cuidar lo que han reconstruido. Feyrith Daelar, es el más joven de todos ellos y el más viajero, suele desaparecer durante meses en el interior del bosque. Eletha Ravaphyra, esta mujer de mediana edad, para lo que son los elfos, es de una vitalidad envidiable y básicamente es ella quién ayuda a Mhaenal en todo lo que necesita. Farryn Keyquinal y Naesala Faeceran son un matrimonio que regresó a Loramé hace unos pocos años, y ocuparon las plazas que dejaron los druidas más ancianos tras su muerte.

Habitantes

El pueblo de Loramé es hospitalario, las adversidades les han enseñado que ayudarse unos a otros es el único camino para sobrevivir, están en deuda con el pueblo de Tarinz y su ejemplo les ha cambiado. Aunque la población de Loramé no es grande, apenas llegan a los 500 habitantes no se agrupan en núcleos de mucha población, suelen vivir en el bosque y solo en núcleos familiares. Aun así, todos los meses muchos de ellos se congregan en algunos claros para comerciar e intercambiar noticias e historias.

Mantenimiento de la ley

Los druidas son los encargados de mantener el orden y solventar las disputas que puedan existir. Aunque mantienen las leyes ancestrales de los elfos, sus leyes han cambiado un poco para adecuarse a su nueva condición. Los druidas nombran entre los mejores exploradores a sus oficiales para vigilar el bosque, actuar como intermediarios y agentes de la ley. Salvo que ocurra algo realmente grave, los druidas no intervendrán directamente.

Vida diaria

Los días en Loramé suelen ser tranquilos, cada familia dedica su tiempo a los cultivos y al cuidado del bosque, se podría decir abiertamente que es una vida aburrida para aquellos que lo ven desde fuera. Los cultivos, la recolección y la caza son los quehaceres típicos de cada día, y a la llegada de la noche regresan a sus hogares.

Amenazas

Poco amenaza ahora al antiguo reino de Loramé. Pero los druidas temen que aquellos que destruyeron su reino siglos atrás quieran volver a destruir lo que han construido. A veces, algo que quedó en la tierra clama por volver a salir y corrompe a las plantas convirtiendo pequeñas zonas del bosque en lugares peligrosos, es entonces cuando los exploradores y los druidas deben intervenir para evitar que esos lugares corruptos se extiendan.

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