El Imperio Orco (I): Un poco de historia

La región de Uhutolouk siempre ha estado poblada por diferentes tribus de orcos, goblins, ogros e incluso trolls. Durante siglos han sido pueblos guerreros que competían entre ellos por el dominio de las tierras de caza. Las constantes guerras entre todas las tribus casi los extingue a todos. Las diferentes tribus de orcos que combatían entre sí llegaron a un punto en el que era imposible seguir guerreando, lo que aprovecharon los goblins para ganar terreno, para más tarde perderlo por sus propias luchas entre clanes. Los ogros, más grandes y fuertes, aunque menores en número ganaron terreno poco a poco hasta que controlaron gran parte del territorio. Sin embargo, la fuerza bruta sola no ayuda a mantener un dominio largo.

Estas luchas cesaron, todas las tribus tuvieron que retirarse a sus reductos para recuperarse de tanta sangría y durante este proceso, llegaron los humanos a los territorios cercanos al mar interior. Un jefe orco llamado Ugruk vigiló de cerca estos asentamientos, espió a sus soldados, aprendió de sus gentes y esto le llevó a pensar que había otra forma de vivir en Uhutolouk.
A partir de ese momento organizó a su tribu, copió muchas cosas que vio en sus vecinos humanos y tomó la decisión de hacer política con sus hermanos orcos de otras tribus. Envió emisarios para reunirse y durante esa reunión se sentaron las bases de la unión de las tribus.

Al principio los jefes fueron reticentes, ninguno quería entregar su poder a un único jefe, lo que terminó en combate ritual. Ugruk debió enfrentarse con los jefes de dos de las tribus y tras vencerles el resto de los jefes por miedo se sometieron a sus peticiones. Ugruk proclamó entonces su primera ley:

«Todos los orcos son un mismo pueblo y sus tribus las familias. Nunca más una familia se alzará en guerra con la familia vecina.»

Con esa primera ley, los orcos comenzaron un nuevo camino. Ugruk seleccionó a los jefes de todas las tribus como su consejo para preparar una misión mucho más importante. El nuevo gran jefe tenía en mente algo aún mayor, pero que le llevaría cierto tiempo.

La Paz entre los orcos

Acabadas las guerras entre los orcos, cada tribu regresó a sus tierras para continuar con sus vidas. Mientras tanto Ugruk y su consejo se preparó para dar esos primeros pasos en su plan. Sabía que no podría presentarse en ninguno de los asentamientos humanos por las buenas. Ya había visto como ellos habían tratado a sus congéneres anteriormente, como si los humanos hubieran tenido contacto con otras tribus del lugar donde venían. Así que no le quedaba más remedio que acercarse usando las antiguas tácticas de emboscada.
Se internaron en el Ducado de Robledal hasta llegar a una granja, allí no dudaron en secuestrar a uno de los granjeros. Atado y encapuchado lo llevaron hasta su territorio y allí fue donde se entabló la primera relación diplomática.

Ugruk ofreció oro y piedras preciosas al granjero a cambio de que les enseñara a cultivar la tierra, de esa forma no deberían seguir con su vida de recolectores, y mucho menos verse obligados a guerrear para conseguir recursos. Este granjero llamado Hernore se convirtió en su maestro. Hernore no nació en los Viejos Reinos, pero había escuchado historias sobre los orcos y sus incursiones. A pesar del miedo que le provocaban estas criaturas fue capaz de ver el esfuerzo por comunicarse y al final entendió el motivo por el que había sido capturado. Durante varios años enseñó a los orcos no solo como cultivar la tierra, también a limpiarla y de paso puso en práctica algunas ideas que tenía para facilitar el riego y no depender de las lluvias.

Al principio estaba muy vigilado, pero tras el primer año de cautiverio se dio cuenta de que ya no era un prisionero, podía moverse libremente y aun así se quedó con ellos. Tras varios años, Hernore no solo habría aprendido su idioma, también sus costumbres y había sido testigo de los cambios que Ugruk quería hacer. Ahora eran un único pueblo que cultivaba la tierra y mantenía sus rebaños, pero el germen guerrero siempre siguió ahí. Y pudo ser testigo de ello cuando ogros y goblins unidos atacaron algunas de las aldeas. Los orcos devolvían los golpes aún con más fiereza, porque ahora tenían algo que realmente querían proteger.

Ugruk comprendió que era el momento de dar el siguiente paso, la supervivencia de los orcos ya estaba asegurada, podían cultivar y criar su propia comida, ahora debía someter o, mejor dicho, anexionar a otros pueblos para que el lugar tuviera paz. Aunque sabía, que con los humanos había que tener cuidado y ninguno estaría a salvo si se ponían en pie de guerra.

Anexión de los goblins y ogros

Tras varios ataques de los goblins y los ogros a las aldeas de los orcos, Ugruk impidió que comenzará una nueva guerra, reunió a su consejo y se dirigieron a los territorios de sus vecinos. Los ogros son unos seres de gran fuerza pero que por norma general se comportan de forma estúpida y los goblins lo saben. Los goblins son seres bastante más astutos, y conociendo las necesidades de los ogros era fácil para ellos tenerlos como aliados.

La llegada de Ugruk a una de las aldeas hizo que cundiera el pánico, rápidamente los ogros que la custodiaban se lanzaron sobre ellos, no duraron mucho, pero fue el aliciente para que los goblins se sentaran a hablar con el gran jefe de los orcos. Durante varios meses, Ugruk se reunión con los jefes de los goblins en cada aldea, algunos se unieron y otros en su reticencia rechazaron la oferta. Algunas de estas aldeas fueron arrasadas y otras simplemente conquistadas, pero en diez años todos pertenecían a lo que Hernone llamó la Nación Orca.

Los goblins al igual que los orcos en su día, aprendieron las nuevas costumbres e hicieron suya también la primera ley. Ahora el consejo era mayor, puesto que también los jefes goblins de cada familia se unieron a Ugruk. Los ogros también consiguieron su representación, pero debido a su escaso intelecto se integraron en las partidas de guerra y como excelentes granjeros por su fuerza física.

La expansión

Ugruk siguió expandiendo el territorio hacia el sur, un territorio poco poblado, pero tanto creció que llegaron al Exilio. Un lugar habitado por humanos, elfos, enanos y otros seres totalmente desconocidos para los orcos de estas latitudes. Hernore como su embajador fue a la ciudad de Ryan y a su regreso, puso en conocimiento de Ugruk la naturaleza de los habitantes del lugar. Ugruk sabía lo que era la magia, sus chamanes la practicaban para sanar o bendecir, pero lo que escuchó le llenó de terror. Un pueblo así podría ser una gran amenaza. Sin embargo, Hernore había conseguido que Ugruk y un representante de Exilio se reunieran.

Exilio no se uniría a la Nación Orca, pero ofrecieron enseñar a algunos orcos la magia. Evidentemente el acuerdo al que llegaron era mucho más complejo y profundo. Los magos de Exilio tenían un enemigo aún mayor y más peligroso, los nigromantes del Osario, y este acuerdo les procuraba un aliado en caso de que volviera a estallar la guerra entre ambas naciones.

Hacia el oeste la expansión seguía siendo tranquila, salvo el encuentro con algún que otro troll. Los trolls no suelen agruparse familiarmente y mucho menos en grupos grandes, así que la mayoría de ellos viven de lo que roban o encuentran en su camino. Suelen cazar a menudo y les da lo mismo que sea un ciervo o un viajero despistado. A pesar de ello, no fue complicado convencer a los trolls para que se unieran a las partidas de guerra y de exploración, la promesa de disponer de buenas armas, dos comidas al día y poder llevarse botín era motivos más que suficientes para que se pusieran al servicio de la Nación Orca.

Sin embargo, el movimiento hacia el este fue bastante más traumático, el bosque de Unssalon es hogar de algunos dragones verdes. Además, al sur de este bosque está una de las ciénagas más grandes y peligrosas de todo Zhirsanaq, y no es peligrosa solo por las bestias y alimañas que lo habitan, también por ser el criadero de dragones negros. El bosque Muerto linda con la ciénaga, y a pesar de su nombre es todo lo contrario, es un bosque lleno de vida, pero letal para los viajeros.

La Última Ley

Pasados los años Ugruk estaba ya en su lecho de muerte y promulgó la que sería su última voluntad y ley. Era sabedor de que el poder es un mal consejero y no solo eso, hacer que la sucesión del poder cayera en las manos de sus descendientes era lo peor que podía suceder. Por ello, reunido con su consejo eligió a otro de los jefes para sucederle. El elegido fue Jokgagu Thuzt que recibió el nombramiento con sorpresa pues él fue uno de los más críticos con Ugruk. Aunque al principio no quería ser el Gran Jefe, Ugruk destacó su valentía no solo hacia el enemigo, también para enfrentarse a él. Jokgagu terminó aceptando.
Esta situación era muy extraña teniendo en cuenta que las tradiciones de los orcos siempre legaban las posesiones del padre en su primogénito varón y que la corona no fuera a parar al mayor de los 13 hijos de Ugruk fue una sorpresa para todos. Con esta última ley, Ugruk quería evitar la tiranía de una única familia y que las guerras civiles regresaran al pueblo. Y funcionó en gran medida. Desde entonces, la corona debía pasarse a otro jefe y no podía legarse a un familiar directo.

El Reinado de Thuzt

Jokgagu fue un rey más agresivo en sus negociaciones y bastante despiadado repeliendo las agresiones. Sin embargo, fue un rey que se apoyó en su consejo, no tomó ninguna decisión sin hablarla con ellos antes, pero además, atrajo a otras razas para expandir los conocimientos de su pueblo. Algunos orcos le llegaron a llamar el Arrur Kolonk, que traducido a la lengua común sería algo así como Rey Comerciante. Ya que su obsesión era la de comerciar con otros pueblos y cerrar tratados que permitieran traer cosas de lejanos lugares. Le fascinaba todo aquello que nunca había visto, no solo herramientas, también telas, comidas, joyas, multitud de elementos que disfrutaba ver en los mercados de las ahora crecientes ciudades.

El Imperio de Uhutolouk hoy

Tras muchas generaciones los orcos se han adaptado casi a la totalidad de las nuevas costumbres, aunque aún hay algunos que siguen las viejas costumbres, pero adaptadas a lo que es su realidad tras varios siglos. Ahora el imperio está regido por Auhgan Unssalon, un orco que cree firmemente en el legado de Ugruk y que lejos de ser un guerrero como la inmensa mayoría de sus antecesores, se ha inclinado por la magia y es un hábil practicante de ella. En los pocos años que lleva al frente del imperio ha consolidado todas las posiciones y ha puesto el ojo en los Seis Ducados. Los Duques siempre han rechazado las negociaciones de los anteriores emperadores para unirse al imperio, pero Auhgan teme que los duques hagan algún movimiento contra ellos y los mantiene estrechamente vigilados. Simplemente no se fía de ellos en absoluto. Siempre han sido muy beligerantes, incluso entre ellos y eso preocupa no solo a Auhgan, también a todo su consejo. Incluso asesores venidos desde Exilio y los elfos que habitan el Bosque Muerto advierten del peligro que suponen los duques. Este podría ser el menor de sus problemas, porque en los últimos años han estado siendo atacados por grupos de muertos vivientes procedentes de Osario. Los magos de Exilio han solicitado la ayuda del imperio para contenerlos y controlar sus movimientos. Aún no han sido capaces de determinar si son muertos que dejan Osario de forma accidental en busca de comida o son ataques orquestados por los nigromantes y clérigos de Osrun.

Las Provincias del Imperio

El imperio está dividido en cuatro provincias. Básicamente estas provincias, por extensión, podrían ser naciones. A lo largo del tiempo los orcos fueron avanzando más allá de la meseta y tomando nuevos territorios. Ahora el imperio se extiende desde el norte en las montañas lindantes con Niarso hasta la Sierra del Sur haciendo frontera con Exilio. Desde la costa en el oeste bajo la Sierra del Viento hasta la Sierra Afilada en el este. Cada una de las provincias está gobernada por uno de los consejeros, pero no lo hacen de forma autónoma, los consejeros son los encargados de hacer cumplir la ley y de gestionar la provincia en nombre del emperador.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *